20/08/09 – Pitu y Luz – La Habana / Cayo Ensenachos (… O lo más parecido al paraíso )

Hoy no ha habido huevos revueltos y beacon. La razón, que nos han 
recogido a las 6,30 de la mañana para el traslado a Cayo Ensenachos. 
El vuelo era, como ya he comentado, desde un aeropuerto “doméstico”, y 
vale la pena resaltar el término doméstico, porque realmente lo era. 
De echo, lo que yo creía un bar de carretera o una cafetería en el 
camino, era la terminal desde la que salía el avión (bueno, avioneta 
con hélices) de la compañía Aerogaviota. Sin desperdicio. Un 
mostrador, un hombre carga las maletas en el carrito, lo arrastra 
hasta el avión, y las carga en él, el panel de destino es como los 
antiguos marcadores de los campos de fútbol, pero en vez de números 
con nombres (aquellos en los que una persona se encargaba de cambiar 
las maderas con el número correspondiente)… Pero el vuelo, que duró 
50 minutos, fue genial. Incluso nos dieron un vaso de refresco. 
Llegamos al aeropuerto de Cayo Las Brujas (que es un cayo un poco más 
grande que al que íbamos) y un autocar nos traslada en 10 min. al 
fabuloso y fantástico hotel Royal Hideaway, a través del “Pedraplen”, 
que es una carretera que va desde la Isla grande hacia los cayos, por 
encima del agua.
Qué habitaciones! Que playas! Que piscinas! Que libélulas! Lo que 
sigue lo podéis imaginar: playa, mojito, piscina, mojito… Sólo un 
pero. Nos obligan a ir a cenar con pantalón largo y zapato cerrado, y 
de esto último yo no llevo (no se si se han dado cuenta de que estamos 
en pleno mes de agosto), pero yo entro con mis zapatos de verano. Por 
lo menos hoy lo he hecho. Mañana ya veremos…
Después de la cena: Salsa, salsa y más salsa en el lobby del hotel, 
donde tocaba un grupo en directo. Después a la discoteca, con salsa, 
salsa y más salsa. Todo esto condimentado con mojitos, piña colada y 
daikiris(por cierto: Alexis, el camarero de la piscina, los hace muy, 
muy ricos. Sobretodo el de fresa).
No podemos más. Me duelen las piernas. Nos vamos a dormir.
Buenas noches desde Cayo Ensenachos, mi amol.
Viva la Revolución! (mientras estemos en Cuba)

P.D.
Mención especial a nuestra conserje del bungalow, Ivón, que ha hecho 
todo lo posible para solucionar el problema de los zapatos para cenar, 
y para Julito, ayudante de Ivón y encargado de mantenimiento del 
bungalow, que incluso se ofreció a dejarme unos zapatos suyos. Son muy 
buena gente.