23/08/09 – Pitu y Luz – La Habana / Cayo Ensenachos (… O lo más parecido al paraíso )

Buenos días. Otra soleada jornada nos espera. Desayuno de rigor y nos 
encaminamos a la playa. Hoy Luz ha hecho una nueva amiga. Se llama 
“Panchita” y es una iguana bastante grande. Casi se viene con nosotros 
a la habitación detrás de las migas de pan que le iba dando su nueva 
amiga humana. Es uno de los muchos animales que conviven en el 
complejo, junto a gatos, pájaros y unos cangrejos enormes que se te 
cruzan por el camino por las noches, y que te dan algún que otro susto.
Como decía antes, más playa. He decidido que hoy no iba a tomar 
mojitos, y he adiestrado al chico del chiringuito en el noble arte de 
hacer “granizadas”, que para quien no lo sepa es una clara hecha con 
granizado de limón. Después de comer en el chiringuito de la simpática 
Yamisey, y de dar de comer a unos pececillos muy listos que están todo 
el día a tu lado “a ver si cae algo”, nos dirigimos a la habitación 
para despedirnos de la conserje de nuestro bungalow (Ivón) y del 
encargado de mantenimiento (Julito) antes de que se vayan a las 17h. 
Julito nos ha dejado dos cocos gigantes en la terraza y nos ha traído 
una botella de cava y la ha puesto en la cubitera. Que detalle. Son 
encantadores. Como buen cubano, llega tarde a la cita que tenía con 
nosotros, casi una hora… Tras una agradable charla con ellos y un 
sinfín de abrazos, Ivón se marcha, pero Julito se queda hablando con 
nosotros y nos dice cuanto aprecio nos ha cogido, y que desde ya 
tenemos un amigo cubano y las puertas de su casa abiertas para otra 
vez. Se le ve una gran persona.
Tras la despedida y el intento de no soltar ninguna lágrima, nos vamos 
un rato a la piscina, con nuestros cocos gigantes que previamente 
Julito nos había partido. Son interminables…
Después de la ducha, a cenar. Hoy toca buffet. La verdad es que 
tampoco hay mucha variedad. (Por cierto, Barça 3- Bilbao 0. Una copa 
más…)
Hemos quedado con los sevillano y nos vamos al lobby bar. Allí está 
nuestro camarero preferido, Jorge Luis, que nos prepara unos mojitos y 
daikiris, aunque él dice que eso es para mariquitas. Que los cubanos 
beben ron o cerveza. Sobre las 23h, nos vamos con él a la discoteca, 
que le vuelve a tocar trabajar allí. No hay nadie. Sólo nosotros 4 y 
él. Peligro…
Decide comenzar a hacernos rondas de chupitos sorpresa. Una hora 
después ya estaba volviendo a hacer de DJ, Luz y Amalia estaban 
bailando con él salsa, y Pablo (el sevillano) simplemente intentaba 
mantenerse recto. Creo que no he bebido tanto alcohol en mi vida (esto 
posiblemente ya lo haya dicho antes), pero nos lo pasamos muy bien. 
Sólo decir que hemos llegado a la habitación casi a las 5 de la mañana 
(y eso que la disco cierra a las 2), pero hemos ganado otro amigo 
cubano. Bueno, dos, porque se unió Chacón a la fiesta (uno de los 
cocineros), y se empeño en que Luz tiene ascendencia cubana por su 
forma de bailar. Habrá que mirar su árbol genealógico.
Intentaremos dormir, pero sólo tenemos 3 horas, ya que a las 9 nos 
vienen a recoger para volar hacia la Habana, y antes hay que desayunar.
Por cierto, tras tanto chupito, Luz le escribió una carta de 
agradecimiento a Jorge Luis en una servilleta (mira, como Rexach a 
Messi), y casi le hace llorar.
Buenas noches (o buenos días ya) desde Cayo Ensenachos, mi amol.
Viva la Revolución! (mientras estemos en Cuba)