25/08/09 – Pitu y Luz – La Habana dia 10

Tras 9 horas de merecido sueño, volvemos a los huevos revueltos con 
beacon. Tras el desayuno, nos dirigimos a la Habana vieja a hacer 
compritas, no sin antes saciar la sed de zapatos que tiene Luz cada 
vez que visitamos una ciudad ajena. Cogemos un coco-taxi hasta la 
catedral(o este nos ha sableado un poco o el del otro día se quedó 
corto) y volvemos a la tienda del palacio de la artesanía. Después 
llegamos callejeando hasta la fábrica de puros Partagás, pero sólo 
abren de 9 a 11 y de 12 a 13,30. Es casi la una, no vale la pena. 
Seguimos andando (descubrimos que hay un barrio chino, pero ni rastro 
de ellos. Igual se han tostao al sol y se camuflan entre los 
lugareños…)
Tras una buena caminata, volvemos andando al hotel, como dos 
campeones. Eso si, llegamos achicharraos. Pedimos que nos dejen las 
maletas, que estaban en consigna porque ya habíamos dejado la 
habitación, y cogemos el bañador para ir a la piscina y comer allí. 
Que bañito más bueno!!! A la tarde damos una vuelta para hacer tiempo 
hasta que nos vengan a recoger. Tomamos último mojito mientras 
escuchamos un grupo en directo en un bar de la famosa “rampa”. Les 
compramos un cd.
Volvemos al hotel. Última hora en los jardines. Esperamos al autocar 
para ir al aeropuerto. Sólo pensar en el chorro de horas de vuelo que 
nos espera, me da dolor de cabeza.
Tras unos 30 minutos de trayecto, llegamos al aeropuerto José Martí. 
Facturamos rápido (cosa extraña dado el ánimo cubano, no olvidemos), 
pagamos la Tax de inmigración (25$ por barba), pasamos el control y a 
la sala de espera de la terminal internacional. Es como uno solo de 
los módulos de la T2 de Barcelona. Con retraso subimos al avión, pero 
salimos con puntualidad hacia Madrid. Se acabó lo que se daba.
Buenas noches desde la Habana, mi amol. Los próximos buenos días ya 
serán desde España.
Viva la Revolución! (mientras estemos en Cuba, o sea sólo por unos 
minutos más)

Nota del autor (o sea, yo):

Menos revolución, que la gente de la calle no tiene casi ni para comer 
y tienen que estar todo el día trapicheando o timando al turista.
Eso si, los altos mandos si que tienen para ir de vacaciones a un 
Cayo, que en el nuestro había uno con sus escoltas.